Amor,
Hoy desperté junto a ti. Fue mágico como todas las mañanas que siempre me regalas. Te amo, ¡buen día! Te dí un beso y acaricié tu cabello, el que nunca dejaré de observar maravillada de admirarte enteramente.
Siempre te he admirado mucho, no sólo porque me gustas mucho, porque siempre he sentido atracción hacia ti, sino porque es el placer que siempre he compartido desde que eres mi familia, desde que soy tu mujer.
A pesar de que la Vika no dejaba de molestar y de que prácticamente ni me dejó dormir con sus ruidos. Estaba bien contenta de que la hubieras corrido para que me dejara dormir.
Te dejé indicaciones del desayuno, te dejé en la cama todavía con sueño. Me fui a donde voy todos los sábados, y feliz de que por poco anuncias tu regreso. Era lo más deseado y anhelado por mí.
Al mediodía recibí tu correo; “Sin asunto” -y yo dije: “¡Aaahhh! un correo de mi bmbn, ¡que maravilla!
Sorpresa. Era más bien una carta de despedida, anunciando que te marcharías, que harías tu vida, después de que te diste cuenta de que yo te oculté una muy penosa verdad.
Estaba destrozada, inmediatamente hice lo que me dijiste que no hiciera: llamarte, a sabiendas de que no contestarías. Lo intenté una y otra y otra vez; nada, así que dejé todo hecho un alboroto en la oficina, dinero, cosas, papeles, trabajo pendiente, libros, chamarra, hasta incluso, dejé mi correo abierto justamente ahí, donde me dijiste adiós -con toda razón, y me fuí a casa a buscarte. Solamente le dije a mi compañera que tenía que salir por un problema familiar. Imagino que después ella habrá leído el porqué, pues lo dejé todo botado.
Llegué a casa y no estabas, solamente ví la silla en donde estuviste sentado revisando esas horribles fotos, ¿a dónde fue? me pregunté, ¿porqué no está aquí? Seguía tratando de comunicarme y nada. Te mandé un mensaje diciéndote que no era lo que parecía, que siempre estaría a tu lado, que siempre te he sido fiel. Imaginando cómo estarías por dentro tú, con tanta ira.
Encendí la PC y quise descifrar cómo habías visto mis tonterías, no lo logré, estaba agobiada y bloqueada. Necesitaba verte.
De pronto llegaste, abriste la puerta sigilosamente, te encontraste con que yo estaba ahí sentada, y tú entraste decidido a llevarte tus cosas.
Quise detenerte, después de una ruda discusión de tu parte hacia mi, pues… simplemente escuché, te pedí, te imploré, te supliqué que te quedaras… sólo sentías repulsión hacia mí, no querías tocarme, no querías ni saber de mí.
Y ocurrió lo más triste de mi vida. Me terminaste lleno de ira y descepción. Yo tengo la culpa, yo la tengo, yo la tengo, pero no te vayas ¡Perdóname!
Hice todo lo posible por calmarte, por explicarte, pero no me dejaste hablar. En ese justo momento entendí todo lo que no pude hacer desde que vinieron los tiempos difíciles; yo siempre debí aceptarte aún cuando no hicieras lo que a mi me gustaba.
Me despreciaste, me arrebatabas con mucha furia la palabra, me gritaste, y yo inevitablemente no tenía nada más que ofrecerte. Nada querías de mí.
Yo con mi estupidez de hacer cosas para llamar tu atención, ¡vaya que lo logré! siempre creí que no te importaba tener a la mujer que tienes y ahora que te pierdo me doy cuenta de que estaba en un error.
Te fuiste y no me perdonaste, encendiste el coche y te marchaste completamente furioso. De haber sido yo, hubiese sido mucho peor. Y aún así, te portaste como un hombre.
Me quedé en casa a llorar, lo hice mucho tiempo, hasta que me decidí ir a buscarte. Error. También me habías dicho que no estarías, pero no pensaba en nada más. Estaba luchando por el hombre de mis sueños, el amor de mi vida, mi familia, ¡mi marido!
Llegué y ni siquiera me acerqué donde tu familia por temor a causarte un problema, recorrí varias calles, pensando y pensando cómo hacer para que volvieras a casa con tu mujer, nada salía de mi cabeza, la gente me miraba muy extraño, ni siquiera me di cuenta de que estaba completamente despeinada, ida y con las horribles ojeras que se me hacen por llorar tanto.
Es la primera vez en la vida que hago ésto con la firme convicción de que vale la pena, nunca antes lo había hecho por nadie. Tú sabes la historia, y si alguna vez rogué, no se compara en absoluto al amor que yo te he profesado fiel y lealmente desde el día en que decidí envejecer contigo.
Te llamé, una vez y otra más, y nada. Hasta que te escribí el mensaje diciendo que contestaras, que estaba cerca de casa de tus papas. Me llamaste poco después y de tanto pensar y pensar, lo único que pude decirte claramente fue “Te amo, y no quiero que ésto se vaya a la basura por culpa de una estupidez de mi parte”, no sabía qué más decir, a la mera hora no pude decir nada más, tú fuiste comprensivo, aunque te molestó que hubiera ido, pues ya no me gritaste ni fuiste agresivo. Gracias. Necesitaba saber que estabas bien.
Yo nunca sabré si estabas o no en casa de tus padres, pero algo muy fuerte, algo más allá de toda racionalidad me hizo ir hasta allá a buscarte para traerte de regreso a la casa. No logré nada.
Me dí una santa perdida y total que ya estaba oscuro y las amenazas de llovizna estaban rondando. Me fui completamente destrozada, con las manos vacías, muy triste.
No quiero perderte, te lo dije una y otra vez, porfavor, no pienses mal de mí, no he hecho nada de lo que pueda arrepentirme, sino ¿para qué escribiría yo todo esto? Hice mal en ocultarte las cosas, pero no me prives más del calor de tu sonrisa, de tu forma de tocarme, de tus ojos siempre fijos, de todo el amor que me has dado durante todo éste tiempo. No hay nadie como tú.
Me duele muchísimo en el corazón que tengamos que estar así, pudiendo estar tan felices como siempre. No quiero que ésto tumbe todo lo que hemos construido juntos, todo era más fuerte que eso, nuestro amor siempre es muy fuerte. Podemos hacerlo, porfavor, podemos lograrlo todavía.
La llamada final tú la conoces, regresé a casa y entré. Todo está tan vacío sin ti. El amor de mi vida se marcha de mi lado, y no quiere intentarlo, se puede, porfavor, no te vayas de mi lado, aquí está tu mujer como siempre, esperando por ti a que llegues y nada nos vuelva a separar.
El amor es lo más fuerte que tenemos, y yo siempre te he amado.